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Miguel Sáenz, traductor y miembro de la Real Academia Española, participó en La Antesala de Babel

MiguelSaenzLa Antesala de Babel, el ciclo ideado por el Departamento de Traducción e Interpretación de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales para acercar a los alumnos realidades relacionadas con la traducción y el lenguaje, recibió en su última sesión a Miguel Sáenz, miembro de número de la Real Academia Española (RAE) y premiado traductor de autores alemanes como Bertolt Brecht, Günter Grass, W. G. Sebald y Thomas Bernhard, y de novelistas anglófonos como William Faulkner, Henry Roth o Salman Rushdie. Además, Sáenz ha ejercido durante años la traducción institucional en organismos internacionales. "La traducción institucional requiere rigor y la literaria enriquece el idioma, si tenéis la oportunidad de compaginarlas, ambas son muy complementarias", dijo a los estudiantes.

El Rector, encargado de presentarle, alabó la belleza y complejidad de la traducción de obras literarias, y expresó su asombro por la capacidad artística de estas traducciones. Sin embargo, Sáenz puntualizó a lo largo de su intervención que no solo las traducciones literarias tienen que ser estilísticamente correctas, "el manual de la lavadora también tiene que sonar bien... para mí todos los textos son literatura, hasta un tuit".

Miguel Sáenz tituló su ponencia "Traducir para vivir", con la intención de demostrar a los alumnos que se puede vivir bien de la traducción, pero que además que "la traducción como actividad humana ayuda a vivir muchas cosas, aunque sean imaginarias". Expuso su singular trayectoria vital, que comenzó en Marruecos. Pasó por los estudios de Derecho y el Ejército, en el que ha llegado a ser General Auditor del Cuerpo Jurídico de la Defensa, ahora en la reserva. Ha sido traductor de inglés para la Organización de las Naciones Unidas, entre 1965 y 1970, en Nueva York, Ginebra y Viena. De vuelta a España, continuó vinculado a la ONU y fue traductor de la Organización Mundial del Comercio, de la Organización Panamericana de la Salud, de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación y del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola. Y, al mismo tiempo, se movió en el ámbito de la cultura de la mano de Jaime Salinas, departiendo con destacados escritores nacionales y, sobre todo, traduciendo literatura alemana.

"Curiosamente y sin saberlo, la ONU, que no tenía el alemán entre sus idiomas oficiales, financió las traducciones al español de los grandes autores alemanes contemporáneos", afirmó Sáenz. En su caso, combinó a la perfección la traducción para un organismo internacional y la literaria, y no solo desde el punto de vista económico. No obstante, "cada traductor tiene que encontrar su camino. Se llega desde muchos sitios", advirtió a los estudiantes.

A lo largo de su exposición, el académico relató numerosas anécdotas. Entre las numerosas obras traducidas citó, por ejemplo, El tambor de hojalataque, como casi todas las traducciones de Günter Grass, firma junto a su esposa, Grita Loebsack, o La historia interminable, que tradujo con especial cariño, porque "me hacía ilusión que lo leyeran mis hijos, pero eso no significa que lo hiciera mejor", bromeó.