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Interviene: María Teresa Gallego Urrutia, Premio Nacional de traducción y socia fundadora de ACE traductores

Convocatoria: Miércoles 30 de septiembre de 2015, de 14:00 a 15:30 horas, en el aula magna (edificio A, Cantoblanco)

María Teresa Gallego Urrutia, licenciada en Filología Francesa por la Universidad Complutense de Madrid (1966) y catedrática de francés en el Instituto Gregorio Marañón, ha compaginado, desde hace décadas, la docencia y la traducción. En este último campo ha desarrollado una trayectoria profesional de gran calado. Cuenta en su haber con numerosas traducciones publicadas y ha recibido importantes galardones por su actividad como traductora: el Premio Esther Benítez, el Premio Stendhal y el Premio Nacional de Traducción al conjunto de toda su obra.

Entre sus trabajos destacaremos aquí sus versiones de El diario del ladrón, de Jean Genet (Planeta, 1976);  Santa María de las Flores, también de Jean Genet (Debate, 1981); La lluvia de verano, de Marguerite Duras (1990); El ingenuo, de Voltaire (Siruela, 1998); La prima Bette, de Honoré de Balzac (Alba, 1998); El revés y el derecho, de Albert Camus (Alianza, 2006); Los falsificadores de moneda, de André Gide (Alba, 2009); El desajuste del mundo, de Amin Maalouf (Alianza, 2009);  La señora Bovary, de Gustave Flaubert (Alba, 2012), Los miserables, de Victor Hugo (Alba, 2013) y Rojo y Negro, de Stendhal (Alba, 2014). Ha traducido, asimismo, casi toda la obra de Patrick Modiano, Premio Nobel de literatura en 2014.

En esta conferencia, María Teresa Gallego parafrasea el célebre ensayo de Jean-Paul Sartre, El humanismo es un existencialismo. Jean-Paul Sartre afirmaba que el hombre no es tanto lo que es como lo que el proyecta ser: una decisión que condiciona la naturaleza de sus actos. Su existencia implica un compromiso consigo mismo y, al mismo tiempo, con la sociedad. El traductor, como el humanista que Sartre describe es su ensayo, es responsable de su elección vital y toma conciencia de su destino como creador y como agente transmisor de ideas.

Afirma María Teresa Gallego: «Dicen los diccionarios: “Humanidades: Conocimientos o estudios que enriquecen el espíritu, pero no son de aplicación práctica inmediata.” Y los diccionarios mienten. Mienten al menos en lo que a la traducción se refiere. Nadie que quiera ejercer el oficio de traductor puede permitirse el lujo de no ser a cada minuto un humanista (dicen los diccionarios: “persona de gran cultura en humanidades”). Y eso es algo que no se aprende sólo en las aulas... es más, de nada valen las aulas si no es una forma de estar en el mundo.»